Otro apunte y quizás me repita. La verdad es que soy de convicciones bastante firmes aunque es verdad que voy evolucionando, adaptándome a las nuevas situaciones y, en definitiva, sobreviviendo en un mundo cambiante, un mundo que cambia muy rápido, mucho más seguramente del que a veces pienso que tendría que haber sido mi mundo, el de finales del siglo XIX. Pero estoy contenta del momento que ahora me ha tocado vivir. En otros tiempos, por ser mujer, no hubiera tenido tantas posibilidades ni haber hecho nada de lo que he conseguido con el paso del tiempo. O sea que estoy satisfecha. En lo profesional, satisfecha porque hago lo que me gusta, disfruto a ratos con la arquitectura, aunque sólo sea haciendo un comentario o una observación, y aunque sólo sea mi hija testigo de ello. Mi objetivo inicial al estudiar arquitectura era conseguir 'hacer' arquitectura para hacer más habitable nuestro entorno. Y lo que ha acabado siendo es, además de eso, hacer arquitectura real, sin grandes adornos, pragmática y resolviendo problemáticas, aunque si alguna vez he creado alguna sería porque hubo alguna mano de por medio que impidió que se realizara todo como había estado pensado en un inicio. Claro que hay errores, la vida es eso, pruebas de error-acierto. Y la arquitectura, como parte de ella, también participa en esa metodología. Así lo creo yo. Se acabó la arquitectura espectacular. No sé cómo tuvo cabida. Era el despilfarrar por despilfarrar, cuando no se sabía qué hacer con el dinero, cuando no importaba que hubiera un incremento del 150% o del 200% o de más, que los hubo. Ahora que pienso, es como le ha pasado en la política, la gente ha dejado de creer en los arquitectos porque era incomprensible que los presupuestos se hincharan tanto y que sólo por hablar ya se tuviera que soltar pasta. Eso se acabó, quizás aún quede alguno que mantenga esa manera de hacer. Espero que no, que realmente estemos todos al servicio de las personas y no para engrandecer nuestro ego. El ego se cultiva con buenas cosas. Prefiero llamarlo autoestima. La autoestima se va ganando con el tiempo o, simplemente, se va manteniendo si es que ya partías de una base fuerte. Me estoy enrollando más de la cuenta, sólo quería hablar de qué significa para mi la práctica de la arquitectura como profesión. La que me hiciera enamorar de la arquitectura: la pequeña casa de los Eames cuando encontré una pequeña monografía en la biblioteca de la Etsav, y las clases de Composición de Txatxo Sabater, y también las de Carme Bonell cuando nos hablaba de cosas que te hacían pensar y ensanchaban nuestra cultura de pensamiento. La lucha por conseguir entrar en la universidad empezó el verano del 1992, mientras asistía a algún acontecimiento deportivo de las Olimpiadas de Barcelona, mientras intentaba dibujar un edificio delante del museo Dalí de Figueres, cuando sólo veía líneas y las intentaba dibujar tan 'rectas' como podía, cuando un arquitecto de allí me indicó que lo hiciera para empezar a practicar, porque la verdad es que yo, de arquitectura, no sabía nada. Era el inicio. Aunque mis tíos abuelos guarden en su casa un dibujo hecho por mi de Heidi que cuando se lo pido para ver me quedo asombrada que tan pequeña hubiera sido capaz de hacerlo. Copiar se me da bien, sacar proporciones y pasarlo al papel. Me ha gustado más que crear de la nada porque he aprendido mucho así. Y la base la tengo de ahí, del copiar y fijarme. Esa táctica la extrapolo también cuando con mi madre decidimos cómo podemos hacer una pieza de ropa, con su habilidad de sacar patrón de cualquier cosa y mi visión de la pieza final que quiero conseguir. Es curiosa la vida, nunca deja de sorprender. Y el aprendizaje continúa. Capturo algunas imágenes de la Eames House.
tareas varias dentro de la arquitectura, desde la proyectación hasta la ejecución de la obra. También elaboración de certificados y inicio de todo tipo de expedientes. Especialización en rehabilitación, reforma, ampliación, obra nueva, paisajismo, espacio público y urbanismo.
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4/1/16
10/12/15
quizás me equivoque
Quizás me equivoque a la hora de tarifar mis trabajos. Quizás vaya baja. No lo sé. Quizás nos equivocamos tanto en el pasado que ahora nos toca pagar las malas prácticas y pagar también el concepto que se tiene de nosotros, los arquitectos. Ya sabéis de qué hablo, siempre corre el rumor o nos precede la sombra alargada de precios altísimos por sólo mover un dedo, no digamos ya por hacer un proyecto. Intento no ser cara, tampoco regalar las cosas aunque a veces tengo la sensación de que sí lo hago. La verdad es que son tiempos malos para pedir precios que puedan realmente cubrir nuestros gastos. Una de las soluciones que creo hemos adoptado muchos es reducirlos, hasta niveles que antes ni hubiéramos imaginado. Antes todo o casi todo era a lo grande. Aunque también la devaluación de nuestra cartera con el cambio de pesetas a euro ha influido drásticamente en nuestro poder adquisitivo. Hoy hacía la cuenta de multiplicar por esos 166,386 para pasar de euros a pesetas y siempre acabas en la conclusión de 'pero si no es tan poco!!', pero lo que realmente pasa es que todo es muchísimo más caro en comparación. Nos la colaron y nos la dejamos colar y bien colada. Y después vino el bajón y salir nos va a costar muchísimo, si es que nunca lo conseguimos. Dejadme que todavía sea pesimista, aún por un tiempo más, que espero sea corto porque la luz aparece de vez en cuando allí al fondo. Parece detrás de un objetivo que se abre y se cierra al disparar fotos.
8/12/15
decisiones de antaño
El otro día estaba pensando en cuán curiosas son a veces las decisiones que la intuición te lleva a tomar en cuanto a lo que a la carrera profesional se refiere. Digo esto pensando en cuanto estaba decidiendo qué camino tomar cuando todavía estaba en la universidad pero ya en su trayecto final; cuando aún había contrato pero era un convenio entre la universidad y el despacho de arquitectura. Sólo por el suelo, sólo por esas losetas de pavimento hidráulico de las casas del Ensanche Derecho de Cerdà, del de esos edificios de viviendas que muchos han sido reconvertidos en sitio de trabajo más que de hogar, sólo por la calidez del ambiente pensé que sería un buen sitio para enlazar con la vida profesional real. La disyuntiva era eso, un taller de arquitectura pequeño, o bien una gran firma de consultores en instalaciones, una ingeniería para el que estaba optando a formar parte de su parte dedicada a la arquitectura de naves industriales y demás. Y así empecé con los despachos dedicados a la creación de grandes equipamientos deportivos, primero en uno pequeño luego en uno un poco más grande pero tampoco no mucho más. De ahí saqué el beneficio de las relaciones personales, el trato de tú a tú aunque ir a la obra era como tema tabú, pero eso fue así en todos los trabajos como estudiante en prácticas o como freelance. No quería hacer edificios fríos y sin personalidad, porque así tenía catalogados los edificios que son usuales en los polígonos industriales. Así también aprendí a pensar edificios y espacios para el uso de las personas y así, os confieso, acabé atreviéndome a ser usuaria también de los polideportivos, conociendo ya su funcionamiento. La vida es muy curiosa y estoy feliz por esa etapa de la vida, aunque fuera viendo como se marchitaba la actividad, primero en el primer despacho, luego en el segundo al empezar de verdad la vertiginosa caída del sector. La verdad es que había un gran déficit de equipamientos en todo el territorio pero quizás no se miraba lo suficiente en el dinero que suponía la puesta en marcha de cada uno de ellos. Aún hay déficit, seguramente, pero todavía no hay dinero suficiente aunque espero que no volvamos a cometer los mismos errores y que no vayamos de sobrados nunca más.
creo recordar que era de un tipo similar a este porque iba
perdiendo trocitos a base de pasar y pasar y de vez
en cuando tocaba volver a poner a sitio algún cuadrado
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