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27/6/16

viaje a Nihon, 07/1997

Año 1997, Julio, después de TAP VII, o lo que era lo mismo que hablar de la asignatura Taller de Arquitectura y Proyecto, un taller intenso que empezó muy bien pero que no acabó tan bien por mi agotamiento. Mi hermana ya en Japón desde hacía unos meses. Correos electrónicos que iban y venían, yendo continuamente al centro de cálculo a ver si había nuevas noticias que llegaban en ms-dos, cuando se escribían las palabras mágicas y de golpe aparecía el mensaje. Sólo me acuerdo de los caracteres en verde sobre fondo oscuro, aunque ya no sé si la memoria falla. Todo era muy rudimentario pero el caso es que nos permitía tener una comunicación casi instantánea. Fue un apoyo mientras estaba tirando adelante el cuadrimestre. La idea era acabar, tener las notas y viajar inmediatamente después hacia Japón, hacia Kyoto, donde mi hermana estaba en un piso que le había proporcionado la universidad en la cual estaba de intercambio. Recuerdo que todavía fui a una agencia de viajes a sacar el billete de avión. Fue con Alitalia, desde Barcelona y con escala en Milano. Nadie me avisó que en la escala la propia aerolinea se ocupaba del transporte desde una terminal a otra y pagué la novatada de coger un taxi que me trasladara desde uno a otro. Casi no llego, creo que hasta el taxista nos perdonó algo del coste, viaje en taxi accidentado: recuerdo que pensé que conducía fatal. La cuestión es que llegué al aeropuerto desde el que partía el transoceánico, creo que compartí taxi con una chica alemana. Por desgracia había cogido ventanilla y estuve todas las horas de viaje sin poderme mover porque el chico que tenía al lado se puso a dormir y no me atreví a despertarlo. Pagué muchas novatadas. De resultas de este viaje aprendí muchas cosas. Era mi primer viaje sola yendo a la otra punta del mundo. Muchas horas. Llegué destrozada, llorando. Cuando vi a mi hermana fue cuando rompí a llorar, de la tensión que había pasado, del cansancio extenuante, pero había llegado. A Osaka, al aeropuerto construido sobre el mar. Transporte en autocar hasta Kyoto. Llegar, creo que dormí un poco y luego salimos a cenar. La primera cena fue a un local donde preparaban 'ekonomiaki', una especia de pizza pero a la japonesa. Me gustó. Todo allí era nuevo. Jet lag encima, seguro que dormí mucho. El piso era de una habitación, con terraza, un recibidor que a la vez también funcionaba como cocina y un baño con bañera pequeña. Recuerdo el rosa de la bañera. Mi hermana me dejó la cama. Ella dormía en saco en el suelo, que no era suelo duro como aquí. Zapatos en la entrada, antes del escalón. Lo de dejar los zapatos en la entrada, también nueva costumbre. Bicicletas abajo. Corredores comunes de acceso sólo cubiertos a modo de terrazas. Todo estaba pensado. Creo que eso puede ser lo que más choque con nuestra manera de hacer. No había casi nada al azar. Incluso el agua de lluvia era conducida por cadenas hasta el suelo desde los canales de los edificios. Triángulos en vez de círculos para marcar la existencia de cristal de ventana o puerta. Paragüeros en todos los edificios para dejar bien dispuestos los paraguas. Es en serio, todo está pensado. La tranquilidad de los templos. Era verano y el ruido de las cigarras era a veces insoportable. Sólo en el 'templo del agua' de Tadao Ando fue posible ahogar su ruido bajo el ruido agradable de la caída en cascada del agua. Mujeres con el paragua negro para protegerse del sol. Si estaban resfriados, mascarilla para protegernos al resto de no ser contagiados. Respeto, mucho respeto. Lo que echaba de menos respecto a las personas: el mirar a los ojos, no miraban a los ojos y se incomodaban si tú lo hacías. La actitud correcta era no mirar a los ojos cuando ibas por la calle. Ir en bicicleta, sí, lo hice una vez yendo yo sola, y sí que les desconcertaba porque sabían que al ser extranjera iría por el lado equivocado, pero al hacerlo por el lado correcto, les desconcertaba. Conste que era por acera y las aceras en Kyoto no son anchas. No entiendo porque aquí en Barcelona tenemos tantos problemas por incluir la bicicleta en el devenir de la ciudad. Recogida de tipos de basura discriminados por días. Visité Osaka otro día con una amiga colombiana de mi hermana. Allí pude ver cómo vestían los jóvenes, siendo rebeldes antes de entrar en el mundo laboral, antes de vestir de 'uniforme' de oficina. Imitando los mangas. Con zapatos con plataformas de vértigo. Muy diferentes a como se nos presentaban aquí. Aquí vestían como pobres por miedo a ser robados. Creo que allí he hecho las mejores fotos. Estaba a gusto. Recuerdo una vez que intenté comunicarme con un hombre nonagenario, en inglés, fue imposible, no me entendía, pero no perdió la amabilidad comunicando tranquilidad. En un museo que estaba montando una nueva exposición, sí que pude hablar en inglés con una chica joven encargada del montaje. De allí salieron amistades. De allí salieron experiencias. Vivencias de sensaciones. Captación de momentos. Cuatro álbumes que confeccioné cuidadosamente. Influencias que supongo que todavía llevo encima. Otra cultura, otra manera de vivir. Recuerdo como me sorprendió la facilidad que tenían de copiar todo lo occidental, y además lo mejoraban: mejor pan, mejores muffins (de hecho creo que el primero que he comido en mi vida fue allí), mejores mini pizzas. Aprender algunas palabras suyas. Aprendiendo sin parar. Paseando. Pasando calor 'atsui!'. Pasando un 'taifu' en Tokyo, cobijadas en el International Forum. Viendo como cada edificio estaba separado del contiguo ni que fuera un metro para permitir que en caso de terremoto, un edificio se pudiera mover respecto al otro. Tantas cosas. Siguiendo guías de arquitectura para completar recorridos y ver 'hormigón', el hormigón que tanto me apasionaba de Ando, básicamente, pero descubrir otros arquitectos, incluso los europeos que allí también habían construido. Lo que cuesta más siempre es volver. Volver pensando que quizás nunca regresarás a esos paisajes. Pero ahora tengo otra motivación para hacerlo: hacer de cicerone para con mi hija. No os recomiendo moveros en metro por Tokyo. Quizás ya lo hayan modificado pero.. por aquel entonces no estaban transcritas en letras occidentales los nombres de las estaciones. Como también es difícil encontrar las direcciones allí, aunque quizás eso haya quedado superado por 'google maps'... Antes sólo había pequeños planos colgados de los verjas que si los encontrabas era como participar en un juego. 

la agenda con la que me obsequió mi hermana sólo llegar a Kyoto,
en ella me escribió algunas frases básicas
con mis anotaciones y la inicial de mi hermana, los días que estube allí
resumiendo un poco lo que hice allí
esas frases básicas que me ayudaron a sobrevivir en Japón
también visité la universidad de Arquitectura de Kyoto,
también pude comprobar que allí tampoco era fácil
Tokyo, instantánea, bicicletas caídas por el taifu, detalle de la
chica haciéndose la coleta mirándose reflejada en el cristal de fachada
detalles en Kyoto, bambú, cerramiento
alguién me retrató, con los pantalones hechos
por mi madre según diseño que le pedí realizara.
Pelo corto, sí, la segunda vez y esos zapatos
que después sobrevivirían al taifu de Tokyo
Si os gustaría que colgara más fotos, pedídmelo y las escanearé. Están en álbumes en DIN-A3, por eso es un poco más costoso. Estas son sólo unas pocas que escaneé los negativos. Me encantaban en 9x13, cuando ya se estilaban más grandes de 10x15. Papel fotográfico, otra historia. Ahora guardo muchas fotos pero muy pocos están impresas.